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Los peligros de la tinta: los tatuajes podrían conducir al sobrecalentamiento del cuerpo

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Por
Reportero de HealthDay

MIÉRCOLES, 30 de septiembre de 2020 (HealthDay News) -- Usar su cuerpo como un lienzo para los tatuajes podría cobrarse un precio en su salud.

Una investigación reciente sugiere que toda esa tinta impide la sudoración natural, y que esto podría hacer que el cuerpo se sobrecaliente.

El estudio encontró que la piel tatuada en los brazos "tenía unas tasas más bajas de sudoración, y por tanto de capacidad potencial de pérdida de calor, durante [el calentamiento del cuerpo completo], en comparación con la piel adyacente sin tatuajes".

Una dermatóloga que no participó en el estudio dijo que el hallazgo es potencialmente alarmante.

Cualquier declive en la sudoración vinculado con el tatuaje "podría tener ramificaciones importantes cuando los pacientes tienen una fiebre u enfermedad o se sobrecalientan, y podrían tener problemas con la termorregulación", señaló la Dra. Michele Green, del Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York. Cree que "hay que realizar más estudios sobre esta importante observación".

La nueva investigación fue dirigida por Scott Davis, de la Universidad Metodista del Sur, en Dallas. Como explicaron Davis y sus colaboradores, sudar es la respuesta natural del cuerpo para regular la temperatura corporal. Sin embargo, cualquier daño a las glándulas sudoríparas dentro de la piel podría afectar a esta respuesta y aumentar las probabilidades de sobrecalentamiento.

Investigaciones anteriores han encontrado que la piel tatuada tiene una concentración más alta de sodio (sal) en el sudor, lo que apunta a una función reducida de las glándulas sudoríparas. Y el grupo de Davis calculó que el proceso de tatuado requiere hasta 3,000 pinchazos en la piel por minuto, una lesión que podría resultar en un daño en las glándulas sudoríparas.

En su estudio, los investigadores evaluaron las tasas de sudoración en el brazo superior e inferior de 10 personas con tatuajes, y compararon al menos 5.6 centímetros cuadrados de piel tatuada con la piel adyacente sin tatuar.

Para promover la sudoración en todo el cuerpo, los voluntarios usaron un traje especial que circulaba agua caliente a más de 120 grados Fahrenheit (casi 49 grados centígrados) durante 30 o más minutos.

Las áreas tatuadas y sin tatuar de la piel comenzaron a sudar más o menos al mismo tiempo en respuesta al calor, lo que sugiere que las señales nerviosas a las glándulas sudoríparas funcionan con normalidad en la piel tatuada.

Pero las áreas tatuadas de cualquier forma produjeron menos sudor, encontraron los investigadores. Esto sugiere que, de hecho, las glándulas sudoríparas sufrieron daños durante el tatuado, según el estudio, que aparece en una edición reciente de la revista Journal of Applied Physiology.

Aunque no es probable que los tatuajes pequeños interfieran con la regulación de la temperatura en todo el cuerpo, una reducción de la sudoración en la piel tatuada "podría tener un impacto en la disipación del calor, sobre todo cuando los tatuajes cubren un porcentaje más alto del área de la superficie del cuerpo", comentaron Davis y sus colaboradores en un comunicado de prensa de la revista.

Concluyeron que los tatuajes podrían impedir "la función de las glándulas sudoríparas, lo que podría considerarse como una complicación o efecto potenciales a largo plazo de este procedimiento cosmético".

Por su parte, Green, la dermatóloga, añadió que un posible deterioro del enfriamiento del cuerpo no sea el único efecto de salud dañino de los tatuajes. La tinta corporal también puede aumentar las probabilidades de una persona de infecciones cutáneas y de "granulomas", que son lesiones parecidas a sarpullidos que se pueden formar cuando el sistema inmunitario reacciona al tatuaje.

Más información

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. ofrece más información sobre los tatuajes.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2020, HealthDay

FUENTES: Michele S. Green, M.D., dermatologist, Lenox Hill Hospital, New York City; Journal of Applied Physiology, news release, Sept. 25, 2020

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